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Friday, June 18, 2010

eñe logic

De repente me percaté de la situación. Y no recuerdo cómo llegué a estar acá... Como si recién estrenara mi conciencia, como si estas palabras que digo fueran el primer producto de mi mente. La lógica falla, no encuentro una cadena de derivaciones causales posible que me lleve a este instante que vivo. Pero adentro mío, muy adentro, siento que nací para esto. Todo mi ser está dispuesto, como en espera... y lo escucho en eco.

Siento el instante que pasa. La mínima fracción de tiempo. Lo siento, sí, pero dudo que sea yo el que está acá y el que está viviendo esto... ¿Cómo sé que no es una mera imagen, una sombra, una gota de conciencia derramada sobre un recuerdo, o una ilusión? Pero se siente tan real. Tan real que vibra todo mi ser, o esto que ahora me toca. Y, en todo caso, ¿Estoy seguro de que ese instante pasó, de que aquello ya no es más, y que esto que vivo lo desplazó al amplio rincón de lo que era? ¿El movimiento me indica el paso del tiempo, o son tan sólo las explosiones químicas en mi cerebro que me dan esa ilusión de continuidad, de sentido, de causa y efecto, de inevitable y casi burdo devenir?

No sé... La verdad es que no lo sé. No hallando la posible causa para este efecto, dudo de que lo mismo que veo, siento y soy, esté de veras siendo visto, sentido, o portando un ser de alguna manera. Pero cuando se duda de todo, sólo resta la meta-duda. ¿Me importa acaso que esto sea ilógico? ¿Me afecta en algo, le resta realidad a todo lo que me traspasa en este momento?

No sé...

Sólo sé que estoy acá... Yo estoy acá, y vos ahí. Tus labios, abiertos; tu cuerpo, en suave camino hacia mi. Y ya abandono la lógica, me entrego a lo que siento. El calor de tu piel, apenas apoyada sobre mi brazo izquierdo, y luego el derecho. Abro también mi boca para sellar ese beso que me toca tan ilógica como necesariamente.

Thursday, March 11, 2010

Vera

¿Dónde será que estás ahora?

No me importa... no debería importarme. Total ya pasó, ya terminó, y por algo no sé dónde estás. La incógnita prohibida, mi mente en llamas. Pero aprendí a amar la duda, a abrazarla, acaso a buscarla. 
¿Pensé que iba a ser así de simple, que todo iba a ser así, como si nada hubiera pasado? No, no pensé. Y vos tampoco. Sólo te fuiste.


Me voy a bailar, a perderme entre la gente, a olvidarme de quién soy entre tantos iguales a mi. La música y las luces, las miradas y las sonrisas, los ritmos, los pulsos entrando en mis huesos, bailando junto con otros cientos, y ya no sé cuál de los cuerpos es el mío. Cuál de los recuerdos es el mío. Laburo a la mañana, estudio a la tarde, a la noche leo hasta despertar al día siguiente con los anteojos mal puestos y el libro sobre mi pecho. Ya no tengo ni tiempo de pensar en vos. Dejé de ver televisión. Me ocupo de no tener el cerebro libre ni por un segundo. Pero 
¿dónde estás? Ando como a oscuras. Parece que estoy mejor que nunca, aunque ando sólo y a oscuras. Avanzo, logro, gano, mato, discuto, domino, progreso, obtengo, soy el éxito a ojos del mundo. En realidad es la única forma que tengo de no tener espacio en la cabeza. De seguir no pensando, de prolongar ese instante final antes de verte partir, en que no pensé. No calculé, y ahora no tengo alternativa que calcular para quedar vacío. Y ¿quién me va a parar? Si estoy bien, hago "lo importante" bien. ¿O no¿Quién me va a cuestionar algo si parece que ando cada vez mejor? Incluso me dicen que estoy cada día más alegre...



Esta es la prisión que me armé, que nos armamos. Al fin y al cabo, no somos nada. Tan sólo un par de insignificantes, incapaces de alterar el curso de la historia. A nadie le importa que me muera por dentro en este teatro. Todo hacia ocultar la única pregunta, hacia la única duda que permito atravesar y desgarrar mi cordura. ¿Dónde estás? Porque en el fondo sé que no la puedo dejar. Sé que amo poder aferrarme a eso, a lo último que me queda de vos, que es tu ausencia, Vera mía. 

Thursday, September 10, 2009

Suspiró y apagó la tele... Llevaba apenas segundos haciendo zapping y ya se había aburrido. Todavía estaba en estado alpha por haberse despertado hace menos de 5 minutos de una larga noche de sueño. Sobre su barriga, iluminadas por la pastosa luz artificial del tubo incandescente, quedaban unas cuantas miguitas de nachos. "Qué desastre...", pensó, mientras se sacudía para que calleran al piso . Se acomodó los anteojos sobre su nariz y el movimiento, aunque suave, le hizo chillar la espalda. "No puedo seguir así, tengo que ir a hacerme ver."

Se relajó un poco para darle un respiro a su cuerpo. Sabía que le quedaban tan sólo 447 segundos antes de tener que salir de la casa. Miró las paredes de su cuarto buscando en vano algo de inspiración para encarar el día con algo de optimismo. La pared le devolvió la mirada; aburrida, metálica, eterna, oxidada, soberbia, apacible, indiferente, maligna. "Me cayeron mal los nachos, ya estoy delirando...". Sin embargo, no era fácil mantener el ánimo alto en lugares como ese. Con suerte llegaba a los 20 metros cuadrados, y eso era todo lo que tenía para vivir. Monoambiente. Bleh, ni siquiera se lo puede llamar vida. A veces se preguntaba porqué continuaba, qué lo motivaba a seguir así. ¿Por qué no acabar con todo ello fácil, rápida y limpiamente? Nadie lo notaría. La mayoría de las veces (excepto cuando por algun extraño motivo estaba de buen humor) concluía que era por miedo al después. No existir, eso sí que le daba miedo.

Supo que ya era tiempo de irse. Se paró con dificultad, dando leves quejas, y se dirigió a la salida. Antes de abrir la puerta se volteó y miró su pequeña habitación. "A pesar de todo", pensó, "se siente como casa...". Fijó su mirada en el tubo de luz artificial, lo cual no le provocó ningún rechazo por parte de los ojos (aún a través de sus lentes, la potencia ínfima que emitía esa luz no conseguía incomodarle). Tuvo que abrir la puerta, ya era hora.

Exactamente al mismo tiempo, otras quince mil puertas identicas se abrieron dejando ver robots poco esperanzados saliendo a cumplir su jornada de trabajo.